La una de la mañana no es . Son las ocho y treinta más o menos ,ya que mis ojos empañados por el sueño no me dejan distinguir entre ocho y nueve, entre el ruído de un taladro que quiere con su lunatica y desesperante presencia dañarme en mi constitución diaria y tranquila.
La venida de un símbolo presente en mi levantar, es el moviento de los pinos en el patio interior, lo transformo para convertilo en cumbia con sabor a guayaba madura, a manglares del Magdalena y su Boca... Leer Más