Para los musulmanes, la Cristiandad es una realidad histórica basada en una ficción metafísica. Al ser sus fundamentos míticos e inventados, en oposición a existenciales y revelados, el Cristianismo aparece ante nosotros como un sistema de cerrazón negativa. El Cristianismo proclama la doctrina del amor al tiempo que establece la Inquisición. Predica el pacifismo y propugna las cruzadas. Llama a la pobreza y construye el enorme edificio de riqueza que se llama la Iglesia. Afirma "misterios" y se involucra en la política. La Reforma, lejos de resolver las contradicciones, las hizo aún más evidentes. Mientras declaraba el sacerdocio de todos los creyentes, estableció una clase sacerdotal que, por su propia naturaleza, contenía una desviación en la que comenzó a manifestarse la congénita locura de la ficción cristiana. En las iglesias reformadas, los re-quisitos para acceder al sacerdocio se establecieron como algo "académico", a pesar de que en la antigüedad cualquier hombre podía obtener un lugar en dicha jerarquía mediante la piedad y el retiro de este mundo. De esta manera apareció el concepto de lo "secular": con esto se estableció una zona para la "religión" y otra para la política. La Iglesia y el Estado se conciben como entidades separadas. Pero lo que de hecho iremos descubriendo es que siempre han sido una, tal y como lo demuestra nuestro autor en este fascinante estudio, desde el inicio de la sangrienta historia de la Iglesia.
Hoy en día, el Cristianismo como encarnación de tesis metafísicas ha cesado de existir. Nadie es más consciente de ello que el propio Vaticano. Sus intentos desesperados por asimilar en las tesis cristianas todos y cada uno de los movimientos intelectuales modernos, han traspasado los límites de la sátira. La muestra más significativa de su fraudulencia intelectual se manifiesta en la casi total deserción de la intelligentsia cristiana hacia las filas marxistas o post-marxistas. Para los no-creyentes y gentes de otras religiones, siempre ha sorprendido la facilidad acomodaticia de los cristianos bajo cualquier nexo de poder, tanto de derechas como de izquierdas. Este texto muestra claramente que ya no existe tal cosa como la religión cristiana. El Cristianismo está acabado. El mito por fin ha explotado.
La buena acogida dispensada a este libro se debe, en primer lugar, a que contempla las raíces del fenómeno cristiano desde la única perspectiva que permite su correcta comprensión, y con ello me refiero al punto de vista musulmán. Es la única posición privilegiada desde la que se puede observar el fenómeno, puesto que el Islam es el legítimo heredero de Jesús. Jesús, la paz sea con él, fue el profeta que abrió el camino al Sello de los Profetas y a la culminación del ciclo profético. A los cristianos les resulta difícil comprender que así como ellos se asombran ante la incapacidad de los judíos a la hora de "reconocer" a Jesús como manifestación profética, ellos mismos se encuentran en la misma fanática postura al no poder reconocer la identidad del sublime Profeta y Mensajero Muhammad, a quien Allah bendiga y conceda paz. Moisés, Jesús, Muhammad, forman una sola línea, la paz sea con ellos, y su enseñanza es el Islam. Su enseñanza es el sometimiento al Creador Divino, la adoración de un Señor Único y la obediencia a Su Ley o shari'ah. Moisés, la paz sea con él, modificó la ley anterior para adaptarla, bajo la guía divina, al período que le tocaba vivir. Jesús confirmó la Ley Mosaica y pudo haberla modificado. El Mensajero Muhammad, a quien Allah bendiga y conceda paz, confirmó a los profetas y presentó la forma final de la Ley Divina adecuándola al estadío último de la era humana en la que será posible ver a la tribu de Adam viviendo básicamente como un solo pueblo. Esta era la razón por la que Allah con Su Misencordia decidió simplificar y hacer más fácil la Ley Mosaica.
A los cristianos jamás se les ha permitido examinar o al menos descubrir las enseñanzas proféticas del Islam, puesto que la base educativa de la que deriva su limitada visión del mundo les niega acceso al Din del Islam. Es sólo en fechas recientes cuando se ha traducido a una lengua europea el gran libro del Imam Malik (Al-Muwatta) que contiene los hadices o enseñanzas orales del Mensajero, a quien Allah bendiga y conceda paz, traducción ésta que nos llega después de más de mil trescientos años. Por su parte, el Vaticano, al mismo tiempo que emite todo tipo de declaraciones sobre el "diálogo" y la amistad con los musulmanes, está profundamente comprometido con un plan intelectual de censura despiadada, represión y distorsión del mensaje del Islam, de todo lo cual, lamentablemente, hemos recogido pruebas suficientes.
El segundo elemento importante en este libro, es el profundo análisis acerca de cómo fue inventado el Cristianismo. Con él se pone de manifiesto que estamos ante una pseudo-religión, y esto hasta tal punto que no admite comparación con las enseñanzas hindúes o budistas. A pesar de que estas últimas doctrinas también se nos presentan corrompidas al faltar un texto inalterado sobre el que nos pudiéramos basar, todavía se pueden atisbar a través de los escombros, soberbios fragmentos arqueológicos de antiguas enseñanzas unitarias. Incrustados en las escrituras védicas y las sutras budistas todavía pueden descubrirse, fragmentos evidentes del más puro tawhid (unicidad). El fenómeno cristiano está tan sólidamente enraizado en la mentira trinitaria que, comprensiblemente, jamás pudo llegar a producir la pura y lúcida tradición gnóstica que existe en el radiante sufismo del Islam. La espiritualidad cristiana permanece atrapada en la fase mental y, en consecuencia, se le da realidad al falso yo producto de la mente. El resultado final es que en esta pseudo-religión el impulso espiritual aparece impregnado de sadismo, masoquismo e incesto. Según la doctrina más pura de la huda, es decir, la guía antigua que ha sido seguida desde los tiempos de nuestro padre, Savyidina Adam, la paz sea con él, la gnosis reside en el profeta de la época. Cuando finaliza su predonimio, la gnosis pasa al siguiente profeta. Esto significa que el profeta es la puerta del conocimiento de Allah. Esta es la razón de que durante seiscientos años existiera una tradición gnóstica cristiana viva y, pasado ese tiempo, sólo quedara una gnosis adulterada, llena de milagros, estigmas y otras manifestaciones neuróticas.
"Jesús, Profeta del Islam", muestra cómo se alteró la "verdadera" enseñanza cristiana, o podríamos incluso decir, cómo descarriló la enseñanza a causa de la poderosa explosión Paulina. Este libro extraordinario pone de manifiesto cómo se negaba el acceso al Islam a aquellos desafortunados y perseguidos Unitarios que tan persistentemente surgían de entre los cristianos cada vez que el intelecto humano lograba reflexionar y abrirse un camino a través de los misterios y sus artificios, para llegar a una auténtica comprensión de la transacción existente entre Allah y los seres humanos y con esto resolver al fin el dilema intelectual y el anhelo de llegar al hogar donde reside la sabiduría.
Para los cristianos, el significado de este libro sólo puede ser un nuevo examen de la fantasía llamada religión cristiana que les permita observar sin ambages la aventura de una organización fragmentada en sectas que está por encima de cualquier motivo racional y que intenta arrebatar y anexionar cualquier destello de espiritualidad (el Zen cristiano y el yoga cristiano indicado por Jung). Los cristianos deben fijarse en la razón histórica de una organización que todavía pretende apoyar por igual al statusquo y a las fuerzas revolucionarias que quieren destruirlo; una religión que popularmente celebra sus dos ritos centrales atando regalos a un pino y haciendo rodar huevos colina abajo, y que al nivel intelectual ya no existe en absoluto.
Es esclarecedora la descripción que ofrece el libro de la política despiadada ejercida por la sociedad que, aunque intentó sin éxito destruir la enseñanza profética del Islam, sí logró acabar con el Califato e introducir las ideas masónicas y ateas en la Comunidad Musulmana. El significado que tiene esta obra para los musulmanes reside en que muestra por qué la cristiandad tan poderosa en el pasado está ahora exhausta y en bancarrota. A fin de cuentas, el Cristianismo no era más que Europa. Y Europa está acabada. Islam es el mundo entero. Y el mundo aún no ha terminado. Y a pesar de que se ven señales que indican su fin, nuestro bendecido y generoso Profeta, al que Allah bendiga y conceda paz, nos guió diciendo:
'Si cuando llegue el Último Día estás plantando un árbol, sigue haciéndolo hasta que termines'.
Y el árbol que estamos plantando es Islam.